lunes, 9 de julio de 2012

Las letrinas del edil errabundo


En esta especie de somnolienta oscuridad en que reposan nuestros sueños, aparece en mi despertar la lectura de "Los fusilamientos de la Moncloa", un contenido que comparto con "Aristóteles", debido a la clara visión de que dispone el autor acerca del desarrollo de los acontecimientos que asolan nuestro suelo patrio. Lúcida exposición e inteligente controversia que puede animar a adormilados y deslumbrados servidores públicos a participar, y así adoctrinarse gratuitamente del mensaje polisémico que contiene el desenvuelto decoro con que este comunicador aclara conceptos que distan mucho de ser aplicados consecuentemente por cierta y errada grey gobernante, empeñada en darse batacazos con la visión y opinión de la inmensa mayoría de los ciudadanos.

Puesto que "Aristóteles" ha abierto el debate, humildemente me posiciono con su tesis y me permito derivarla a otra Institución: el Ayuntamiento que, por definición, es la que está más cerca de los ciudadanos.

Me gustaría mencionar, al menos a grandes trazos, algunas orientaciones resultantes de las lecturas de sobresalientes pedagogos, dedicados en vida a la investigación en el inmenso universo del conocimiento, del que tan huérfanos estamos. Estos grandes maestros de la pluma saben con un simple rasgo condensarnos en pocas palabras vastas concepciones y riquísimos pensamientos, que han sido a lo largo de los años la admiración de las gentes.

Cuando el filósofo Aristóteles escribe la genial frase "el hombre por naturaleza es un animal político", quiere decir que el verdadero hombre lo es por su pertenencia a la POLIS. Si el hombre adquiere su verdad, es decir, su esencia, a causa de su pertenencia a la POLIS, no se concibe una moral individual, disociada de la POLIS. Por ello, la Ética y la Política forman un conjunto indisociable.

En su "Pacem in Terris", el Papa Juan XXIII (11.04.1963) escribe "La autoridad que se funda tan sólo o principalmente en la amenaza o en el temor de las penas o en la promesa de premios, no mueve eficazmente al hombre a la prosecución del bien común; y aún cuando lo hiciere, no sería ello conforme a la dignidad de la persona humana, es decir, de seres libres y racionales. La autoridad es, sobre todo, una fuerza moral; por eso deben los gobernantes apelar, en primer lugar, a la conciencia, o sea, al deber que cada cual tiene de aportar voluntariamente su contribución al bien de todos".

En el prólogo del Libro "Jesús de Nazaret", escrito por el actual Papa Benedicto XVI, se puede leer "desde el revolucionario romano que luchaba por derrocar a los poderes establecidos y, naturalmente, fracasa, hasta el moralista benigno que todo lo aprueba y que, incomprensiblemente, termina por causar su propia ruina". Representa una acertada crítica a los gobernantes que titubean y que ceden a inconcebibles muestras de vulnerabilidad, impropio de un principio de equidad y justicia. 

Santo Tomás enseña "cuando una ley está en contradicción con la razón, se la llama ley injusta, y así no tiene razón de ley, sino que más bien se convierte en una especie de acto de violencia".

A usted me dirijo, Sr. Alcalde de Palma de Mallorca, porque ciertas iniciativas suyas no concuerdan con las sensatas propuestas que encierran los vibrantes pensamientos de estos geniales poseedores de la verdad nombrados anteriormente.

Mateu Isern, el edil errabundo
Sin eufemismos ni reticencias, sin disculpas ni atenuaciones, no deseo ocultarle los estados complejos del alma, el dinamismo sutil de las pasiones, el colorido arrebatador y fascinante del amor insaciado y anhelante del corazón, las terribles angustias de ese pueblo de Son Gotleu que en los años sesenta del siglo pasado aportó a esta ciudad su trabajo para ampliarla, para engrandecerla, aprovechando las posibilidades de trabajo existentes, no sin haber dejado su hábitat natural, sus pueblos de España, sus familias, cargados y sobrados de penas y de angustias. La compensación a sus esfuerzos y ahorros consistió en adquirir pisos de propiedad donde morar y, paulatinamente, reunir a sus familias.

Y hoy, con la invasión de gentes de diversas etnias, violentas algunas e irregulares otras, se ven despojados de su humilde patrimonio (un piso adquirido en aquellos años), de su descanso, de sus derechos, de las necesarias ayudas para subsistir en este proceloso y desastroso magma existente en la economía (que, sin embargo, sí disfrutan esas etnias violentas, mimadas con esmero y devoción), debido a los pésimos gestores de nuestros recursos. Van vagando como apátridas, buscando solución irresoluble a la pésima ubicación en su núcleo poblacional, donde moran desde hace más de cinco décadas.

Estoy seguro, estimado Sr. Alcalde, de que usted podría desentrañar bastante, porque le supongo agudo y genial, la lucha y la peregrinación que condensa todo el dramatismo cruel y sangrante de la vida de estos primeros pobladores de Son Gotleu, y estoy convencido de que viviendo en este barrio de la ciudad, trataría de solicitar al primer edil de Palma, evitar la incrustación de las mafias violentas de algunas etnias africanas en el tejido social autóctono que malvive y sufre en este pueblo. Así como hace el incansable y honrado luchador Ginés Quiñonero, a quién no reconoce usted su denuedo y la ayuda que aporta al Consistorio con su ejemplar denuncia de una situación insostenible.

No estaría demás, Sr. Alcalde, que se afanara en profundizar en los pensamientos que arriba exponen doctos pensadores. Quizás su lectura y consecuente reflexión podrían proporcionarle una exacta comprensión de los acontecimientos y, por supuesto, un cierto temor a Dios, al que en definitiva, hemos de rendirle cuentas.

Me he extendido, sin duda mucho, y por lo tanto no detallaré inmensos errores que son de público conocimiento como, por ejemplo, mantener en puestos de confianza a personas del anterior equipo de gobierno que dejaron marcas indelebles de su acreditada solvencia tergiversadora y sectaria. Mantener tantos asesores. En fin...

Sí me voy a permitir ayudarle como ciudadano. La comidilla de la ciudad va "in crescendo" y le sitúa en el ridículo más grotesco. La perplejidad de los ciudadanos es manifiestamente proporcional a la singular espectacularidad de intentar instalar letrinas en la ciudad. Menos mal que cierto organismo relacionado con el turismo le hizo desistir de tal monumento a lo pintoresco. Produce vergüenza ajena además de arrebatos de jolgorio irresistible. Se imagina que los tanques sépticos se anegaran. Se imagina a los turistas haciendo cola en estas letrinas anegadas, discutiendo y maldiciendo haber venido a Mallorca. Se los imagina con los zapatos chapoteando en el río de productos pestilentes excretados a través de una manguera del cuerpo humano. Se imagina a esta gente revolcándose en un mar resbaladizo relleno de organismos productores de enfermedades infecciosas. ¿Y la O.M.S.?

Apestoso retrete público al aire libre en Son Gotleu
Le deseo muchos años de buena y dulce vida.

Le saluda muy atentamente

Sófocles

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